Equilibrio

Familia: de lo sacro a lo laico

Por Gerardo Pérez Peñaranda.

Muchos consideran la institución familiar como un resultado social, es decir, como producto de la organización o evolución de la sociedad.

Friedrich Engels, en el prefacio a la publicación en 1884 del libro “Origen de la familia, la propiedad privada y el Estado” afirma: “Según la teoría materialista, el factor decisivo en la historia es, en fin de cuentas, la producción y la reproducción de la vida inmediata. Pero esta producción y reproducción son de dos clases. De una parte, la producción de medios de existencia, de productos alimenticios, de ropa, de vivienda y de los instrumentos que para producir todo eso se necesitan; de otra parte, la producción del hombre mismo, la continuación de la especie. El orden social en que viven los hombres en una época o en un país dados, está condicionado por esas dos especies de producción: por el grado de desarrollo del trabajo, de una parte, y de la familia, de la otra.”

En la otra orilla están quienes le atribuyen origen divino y fines trascendentales y espirituales, al considerar su génesis en la unión de un hombre y una mujer, a partir de un rito religioso. Para los cristianos la única evidencia de la institución de la familia se encuentra en la Sagrada Escritura, más exactamente en el libro del Génesis en que se narra: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: fructificad y multiplicaos; llenad la tierra” (Gén. 1:27) y más adelante señala: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gén. 2:24).

La polémica entre materialismo y religiosidad nunca será zanjada. Pero es innegable la importancia de la familia en la formación del carácter, de la personalidad y de los valores de los individuos.

La luz de la fe

Para motivar una reflexión acerca de la importancia de la familia en la vida de las personas, conversamos con el presbítero Jesús Adán Martínez Suárez, párroco de la iglesia Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa de Rionegro.

Él define la familia como santuario del amor y de la vida y como patrimonio de la humanidad, por ser la base de la persona y, por tanto, de la sociedad. Para ello, la familia debe educar en la fe, formar a las personas en un perfecto humanismo y ser promotora de la paz.

Para el presbítero es importante la fe, porque la familia es autoría de Dios y las obras de Él son obras de fe. No obstante, distingue entre familia y matrimonio. Advierte que cuando la familia tiene origen en el matrimonio, siendo éste de origen divino, la familia podrá formar en los valores de la fe, que son los valores de la verdad. Por el contario, las uniones que no han establecido matrimonio carecen de autoridad para educar en la fe. También el sacerdote diferencia entre unión libre y matrimonio civil, ya que éste implica una renuncia a la fe, mientras que en la unión libre no.

Las amenazas

Entre los asuntos que considera como amenazas para la familia, el párroco destaca la violencia intrafamiliar, el olvidarse de Dios y los intereses particulares que la ven como una simple sociedad conyugal. También llama la atención sobre el mal uso de los medios sociales y de otro tipo de avances modernos que promueven el consumo y una existencia a espaldas de Dios.

Respecto de los nuevos tipos de familia tales como: monoparental (con solo padre o madre e hijos), ensamblada (resultado de la unión de personas con relaciones previas e hijos comunes y no comunes) y homoparental (parejas homosexuales), el clérigo aclara que la familia siempre debe estar formada por un hombre y una mujer, tal como es el orden natural. “Todo lo que se aleje de la ley natural afecta a la persona y a la sociedad. La familia tiene unas metas muy claras, como son la felicidad de los esposos y la comunicación de la vida”, afirma.

Nada la reemplaza

El padre Jesús Adán considera a la familia como irremplazable en la responsabilidad de cimentar los valores de las personas. Conceptúa que si una pareja, adrede, deja de lado la feliz posibilidad de ser padres pierde sentido como familia y se convierte en un instrumento utilitario.

Frente a la laicización de la sociedad moderna y de instituciones como la familia, el presbítero recomienda regresar a los valores sobre los que fue instituida, sobre leyes naturales, pues socavar los cimientos implica derrumbar toda la estructura.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *