Los jóvenes opinan

Los jóvenes opinan sobre alimentación saludable

Por: Alexander Arroyave Correa

En encuesta realizada por “Vida y Salud” a 100 jóvenes, se encontró que el 82% quiere cambiar su forma de alimentarse por una más saludable y 60% reconoce que no tiene buenos hábitos alimenticios. El tiempo y el dinero son las excusas más frecuentes para no emprender un cambio. Pero hay opciones.

El médico especialista en Nutrición Clínica, Sandro Gómez, del Instituto Antioqueño de Diabetes, Metabolismo y Nutrición, define la “alimentación saludable” como una costumbre que va más allá de las creencias populares que los jóvenes tienen de comer solo vegetales, tomar solo agua, la “dieta de la piña”, la “dieta militar” o aguantar hambre.

Cerca del 31% de los encuestados en encuesta realizada por “Vida y Salud” ha seguido regímenes de este tipo, sugeridos por internet o por un amigo. Según el doctor Gómez, estas son dietas cuestionables: aunque en principio pueden dar resultados rápidos (como en el caso de la piña, donde las personas solo comen rodajas y toman jugo de esta fruta), el estar basadas en un solo alimento, las vuelve monótonas. Por ello, con el tiempo, éstas dietas son abandonadas generando un efecto rebote, en el que se recupera el peso perdido e incluso más. Lo ideal sería que aquellas personas que desean una dieta balanceada acudan a un nutricionista que les brinde un plan alimenticio acorde con su cuerpo y necesidades, puesto que cada organismo es distinto.

Para definir un hábito de alimentación saludable, Gómez se remite a 4 puntos específicos. El primero: que sea una alimentación baja en azúcar, sin dejarla de ingerir definitivamente. Lo ideal sería reducir postres y dulces a máximo dos veces a la semana. El segundo: que los alimentos sean bajos en grasa, reduciendo el consumo de frituras y comidas procesadas. El tercero: buscar comida rica en fibra, como frutas, verduras, algunas harinas integrales y leguminosas como el fríjol, lenteja, garbanzos, etc. Y el cuarto: la importancia de acompañar esa alimentación con hábitos de actividad física constante y completa.

Marcela Ochoa Saldarriaga, estudiante de Comunicación Social de la Universidad EAFIT, considera que una buena alimentación es factor fundamental para mantener un estilo de vida saludable. Sin embargo, manifiesta que muchas veces esa motivación de cambiar sus hábitos alimenticios se ve obstaculizada por su condición de estudiante, pues la universidad demanda gran parte de su tiempo. Para un universitario, a veces, la alimentación pasa a un segundo plano puesto que, según Marcela, “uno come lo que ve y lo que sea que le vaya a quitar el hambre, no hay una preocupación real por una alimentación saludable”. Y agrega que otra razón de la mala alimentación es la percepción de la “juventud inmune”: “Creemos que como estamos jóvenes somos inmunes y no somos conscientes de que necesitamos cuidarnos para un futuro. Nos da igual si comemos una empanada o una manzana”.

Entretanto, Santiago Castaño, youtuber, instagramer y estudiante universitario, afirma que otro obstáculo para tener una alimentación saludable, es el mayor costo de alimentos fitness y light, que en su mayoría son más caros que otras opciones no tan sanas: “Con lo que me compro una ensalada de verduras con pollo, que cuesta cerca de $10.000, me puedo comprar dos hamburguesas y una gaseosa que me quitan el hambre durante todo el día e incluso me sobra para una menta”.

Cocas ricas, recetas fáciles y nutritivas

 

Como alternativa ante esta situación de mala alimentación de jóvenes universitarios, la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad de Antioquia diseñó la campaña “Cocas saludables” y la serie “Cocas ricas, recetas fáciles y nutritivas”: en una página web brindan recetas saludables a las personas que desean mejorar su dieta por una más saludable, para obtener grandes beneficios a bajo costo.

Ángela Franco, Nutricionista-Dietista, especialista en Nutrición humana y líder en la Unidad de Promoción y Prevención en la Alimentación y Nutrición de la Universidad de Antioquia, informa que esta campaña nace luego de que estudios concluyeran que los jóvenes universitarios (que pasan mucho tiempo y se alimentan fuera de sus hogares), comen cada vez más cantidades y menos saludables. Y aunque comían mucho, tenían bajo consumo de frutas y verduras y recurrían a comidas rápidas como panzerottis, pizzas, hamburguesas, entre otros, opciones más baratas que contienen muchos azúcares, sodio, grasa, conservantes y demás sustancias que con el tiempo se vuelven dañinas para el cuerpo, porque lo vuelven más propenso a volverse adicto a ellas y a contraer enfermedades digestivas, cardíacas, entre otras, sin lograr el propósito de tener una alimentación saludable.

Una de las opciones de la serie es un almuerzo compuesto de una cucharada sopera de arroz, un filete de pollo desmechado y una lata de verduras. En este ejemplo tenemos el balance entre carbohidratos, proteína y las vitaminas, minerales y antioxidantes que ofrecen los vegetales. Este almuerzo cuesta aproximadamente $5.000 y solo contiene 500 calorías, a diferencia de un almuerzo promedio en un restaurante que cuesta aproximadamente $10.000 y tiene cerca de 1.500 calorías: casi el doble de las que se deberían consumir por comida en su día.

Recetas como esta son ricas en vitaminas, minerales y antioxidantes, claves para reducir las posibilidades de contraer enfermedades cardiovasculares, cáncer, tiroides, entre otras.

En últimas, comer bien no depende exclusivamente de consumir productos procesados o costosos: una nutrición equilibrada se puede lograr con alimentos que encontramos en nuestras cocinas y que cuestan mucho menos que los productos fitness. Que ni el tiempo ni el dinero sean excusa para no darle a nuestro cuerpo la nutrición que necesita, porque todos podemos comer bien sin necesidad de llevar dietas exageradas que, a largo plazo, podrían poner en riesgo nuestra salud. Alimentarse bien es la clave de un futuro saludable.

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