Equilibrio

Los pantalones de mamá

Por: Gerardo Pérez Peñaranda.

Según un estudio realizado en 49 países, y del que participó la Universidad de la Sabana, Colombia tiene la tasa más alta de niños que viven con uno solo de los padres: por cada 10 niños, dos están en esta situación; somos el país donde las parejas adultas menos se casan: apenas el 20% formaliza su unión con matrimonio civil o religioso; y contamos con la cifra más elevada de madres solteras.

Blanca le hace honor a su nombre: es de tez y de cabellos claros, por eso cariñosamente la llaman “monita”. Blanca también es su alma de mujer sencilla, trabajadora y solidaria. Ella está pendiente de los conocidos enfermos, para aplicarles una inyección, o para acompañarles a la cita médica, o para cuidar de sus niños mientras hacen diligencias.

Lo que no le falta a Blanca es carácter. Por el contrario, es una mujer recia y decidida, a quien le ha tocado abrirse camino por la vida, sola con su hija, dada su condición de mujer cabeza de hogar que lleva desde hace 25 años.

Esa reciedumbre de temperamento la llevó a decidir, cuando apenas tenía tres meses de embarazo, que la unión con el compañero y padre del ser que latía en su vientre no iba más; que era mejor seguir sola a mantener una relación conflictiva.

El dinero no es todo

Blanca considera que el aporte más importante de un papá no es lo económico. De hecho, que no conviva con los hijos no quiere decir que no deba aportar para su manutención. Ella le da relevancia al apoyo emocional, a la presencia y apoyo formador que el papá debe representar en la crianza y educación de ellos; que les acompañe en los momentos importantes de la vida y que ellos puedan disfrutar de esa figura. “Aunque la mamá siempre ha estado en todo, a ella (la hija) siempre le ha hecho falta que el papá esté al lado”, declara.

Para Blanca, lo más difícil o crítico, en todos estos años al frente de su responsabilidad, ha sido la soledad. “Levantar a un hijo, uno solo, es muy duro; a pesar de que yo tengo una hija demasiado juiciosa, que no me ha dado en qué sentir; pero sí hace mucha falta la compañía y que el papá también esté ahí”, confiesa.

Descarta padrastros

La opción de muchas madres en esta situación es buscar otra pareja con quién subsanar esa soledad. Sin embargo, Blanca no vio viable esa solución; por los problemas de entendimiento y de convivencia que suelen generarse respecto de los hijos anteriores a la nueva unión. “Por eso yo me quedé sola. Porque no quise ponerle un padrastro a mi hija. Yo pienso que es lo mejor. Porque hay mujeres que prefieren tener un hombre al lado que preocuparse por sus hijos. A mí no me pesa haberme quedado sola con mi hija”, enfatiza.

Así como ha tenido momentos difíciles, Blanca recuerda con emoción los hitos gratos en la formación de su hija: los grados de primaria, bachillerato y profesional. Afirma con emoción: “Ya puedo decir: tengo una profesional en mi casa”. Porque hace poco Carolina, la hija de Blanca, recibió su diploma como Odontóloga.

Detrás de ese diploma hay toda una historia de lucha, sacrificio y mucho tino. Sus fuentes de ingresos, al no contar con estudios técnicos, provienen de diversas actividades: costura, manicure, ventas por catálogo, cuidado de niños, entre otras.

Pero una madre nunca se jubila. Ahora la preocupación es que Carolina se ubique laboralmente y que pueda seguir estudiando y especializándose para mejorar sus posibilidades profesionales.

Ella, que ya ha superado gran parte de los retos de formar sola a una hija les recomienda a las que apenas empiezan o que se ven abocadas a esta situación que “echen pa’delante, que uno es capaz de sacar sus hijos adelante, desde que ellos coloquen el empeño y el entusiasmo. Yo les aconsejaría que no dejen a sus hijos abandonados por estar consiguiéndose otra pareja, porque no se sabe cómo les vaya a ir con esa otra pareja y es mejor estar con sus hijos”. Sin embargo, se declara sin ningún resentimiento o frustración frente al género masculino.

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